Réquiem
por Vicente Ugarte
SERGIO TAPIA T.
El mes de octubre, en 45 años de conversaciones que tuve
con Vicente, fue recurrente no sólo por los terremotos telúricos, sino
particularmente por los temblores políticos; que con su jovial ironía solía Vicente
pronosticar tales extravagancias.
A Vicente lo conocí cuando yo cifraba los 17 años. Era yo
estudiante del quinto de secundaria. Me presentó un entrañable amigo, con el
que guardo afectuosa comunicación, a pesar de la distancia que nos separa de nuestras
respectivos continentes de residencia.
Don
Vicente –a quien nunca puede tutearlo–presenció los actos trascendentales de mi
vida: mi matrimonio, el nacimiento de cada uno de mis cinco hijos -sobre
quienes vi reflejar en ellos la oportunidad del cariño que no tuvo oportunidad
de dedicar a los propios al no haber tenido descendencia-; el matrimonio de la
mayor de mis hijas. Vicente fue padrino de Mariana, la tercera.
Luz
Cáceres McGregor fue su extraordinaria cónyuge. Siendo yo aún estudiante
intermedio de Derecho, Vicente en su condición de Decano del Colegio de
Abogados de Lima fue objeto de injusta detención, por la dictadura izquierdista
de Velasco Alvarado. Muchas semanas de incomunicación y desconocimiento de su
paradero, probaron la fortaleza de la señora Luz. Ella, en su soledad familiar,
esperaba contra toda esperanza. Enterados del lugar de la detención (no había
derechos humanos para Vicente, pues el gobierno era de izquierdas), tuve la
iniciativa de llevar al Padre Armando Nieto para que Vicente comulgara: el 8 y
el 25 de diciembre. La escena, al lado de la señora Luz, me ha sido imborrable.
Fui
su profesor auxiliar de Vicente, en Historia del Derecho: En los ochenta en San
Marcos, y en los noventa en la Universidad de Lima.
Siempre
compartí con él mis proyectos: El nacionalismo católico de fines de los sesenta
con la Confederación de Juventudes Nacionalistas; uno de los nuevos movimientos
laicales de la Iglesia Católica en los setenta; el Instituto de Estudios y
Promoción Social (IDEPS) en los ochenta; la fundación peruana de otro nuevo
movimiento laical proveniente de Argentina a partir de los noventa.
Vicente
es maestro de la peruanidad, cultivó en lo más íntimo de sus discípulos la
racionalidad del amor patrio.
A
él, mucho le debo.
Publicado
en el diario “La Razón”, Lima, viernes 9 de octubre de 2015, pág. 6
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